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La Soledad

"Espera un Milagro" decía el paquete de bienvenida que me entregaron cuando llegué a Findhorn, una organización de hombres y mujeres que dividen el trabajo en forma comunitaria y comparten su vida en harmonía con la naturaleza. Inmediatamente lo descarté como si fuera un eslogan. Sin embargo, al final de aquel primer día supe que me quedaría bastante más tiempo que el programa de una semana en el que estaba anotado.

Publicado el 1 de agosto de 2018 -- Mystic Living Today

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En ese tipo de ambientes me siento menos sapo de otro pozo. La mayoría de los inscriptos en el primer programa que hice en la comunidad de Findhorn estábamos un poco perdidos e incómodos en el mundo urbano en el que inexplicablemente vivíamos. Cado uno traía sus miedos e inseguridades a la comunidad, que nos ofrecía un espacio seguro para compartir lo que nos pasaba y también para mostrarnos quiénes éramos realmente. Finalmente, me quedé en Findhorn dos meses y medio. A través del trabajo que me tocó hacer en la cocina aprendí los valores de la vida comunitaria. Regresé a Findhorn en dos oportunidades más, por dos meses. Ser el aprendiz más inexperto en una gran estructura espiritual le dió propósito a mis días y trajo algo de esperanza.

La comunidad tiene muy buenos programas a cargo de maestros sabios y compasivos. Sin embargo, el verdadero descubrimiento fueron mis compañeros de cuarto y los demás recién llegados. Al igual que yo, todos buscaban refugio frente a un momento crucial de la vida, que nos pedía una pausa antes de regresar a la realidad. Casi todos habíamos venido solos. La soledad adquiere una nueva dimensión después de pasar algunas semanas en una comunidad. De hecho, la mayoría de los pilares de la sociedad capitalista moderna entran en crisis luego de algunos meses en un sistema que no busca el lucro. Al contrario, es un sistema que propicia que nuestra consciencia superior absorba el ego y lo transforme en un ser amoroso y desprendido que no le teme a la soledad. Suena a cliché, pero es verdad.

Cuando estoy solo estoy conmigo mismo, en cambio cuando la soledad me pesa siento que todos me abandonaron. Vale la pena destacar que no existe una palabra para describir lo opuesto de soledad. Hay varias razones por las que sufrimos la soledad, pero a veces esa soledad que queremos combatir ofrece un rito de iniciación a un capítulo más enriquecedor de la vida.

Durante mi tiempo en Findhorn conocí la obra de Rudolf Steiner, filósofo, fundador de la antroposofía y del método educativo Waldorf, entre muchos otros logros. En su obra autobiográfica "El Curso de mi Vida," Steiner cuenta que "la lucha con la incógnita del conocimiento, que en aquel momento llenaba mi mente más que cualquier otra cosa, despertaba en mis amigos un fuerte interés, pero poca acción. Siempre viví la experiencia de esta incógnita en soledad. De hecho, estas preguntas sobre todo tipo de cuestiones me convirtieron en un muchacho muy solitario." Es probable que si Steiner hubiera sido el chico popular de su clase, no se habría preguntado sobre muchos aspectos de la vida, la naturaleza y la espiritualidad.

En su obra clásica "Chamanismo: Técnicas Arcaicas del Éxtasis," Mircea Eliade, filósofo y estudioso de las religiones, explica que "se espera que los futuros chamanes pasen por una serie de pruebas de iniciación y que reciban una educación que puede ser altamente compleja ... Al acercarse a la madurez el candidato comienza a tener visiones, canta en su sueño, sale a dar paseos en soledad ... En el caso del chamanismo hereditario, los espírituos de los ancestros eligen a un joven de la familia, ausente y distraído, que ama la soledad y tiene visiones proféticas ... Cuano aún es niño, el futuro chamán puede ser enfermizo, introspectivo, contemplativo." Eliade concluye que son estas cartacterísticas las que transforman al candidato "de un posible neurótico, a un chamán reconocido por la sociedad en la que vive." Que haya un integrante de la tribu preparado para identificar como potencial chamán al niño raro, introspectivo y solitario, resignifica el concepto de soledad. En nuestra cultura moderna y urbana, lo más probable es que el niño sufra un brutal bullying.

En su libro "Cómo estar Solo," Sara Maitland explica que "la sociedad veloz en la que vivimos no aprueba la soledad, estar solo es considerado literalmente anti-social y hay quienes consideran que estar solo es siniestro." En efecto, las relaciones sociales normativas en el sistema capitalista moderno aniquilan toda forma de disidencia para asegurar su propia reproducción. Cumplir con las expectativas sociales otorga una serie de ventajas que van desde llevar una vida cotidiana sin sobresaltos hasta la atribución de privilegios y poder. De la misma manera, la normativa social acarrea desventajas para quienes no las cumplen, que derivan en estructuras discriminatorias. Maitland alienta no sólo a sobreponeros al miedo a estar solo sino también a "descubrir los beneficios" de pasar más tiempo solos. "Permitirnos esta experiencia puede inspirarnos a descubrir nuestras propias recompensas y vivir vidas más ricas y satisfactorias."

Para terminar, Byron Katie, que es otra autora favorita en Findhorn, nos enseña que "cuando un sentimiento [como la soledad] nos incomoda, es una señal de apego a algo que quizás no es verdadero para nosotros." Si las normas que debemos que cumplir para pertenecer a determinado ambiente nos provocan un sentimiento de soledad con el que no estamos a gusto, cambiar la perspectiva puede mostrarnos que no soy el único que no se siente cómodo con esas normas. En tales circunstancias, pasar algunos días en una comunidad puede darnos la llave para despertar nuestro potencial a través de nuevas y más gratificantes formas de comunicación. Como dicen mis amigos en Findhorn, "confía en lo inesperado." Quizás sea éste el milagro que nos anunciaron.

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Ph Yacare Volador

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