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Lecciones Indígenas

Imaginate que apagás el iPhone, armás la mochila y te internás en la selva tropical para acceder al conocimiento de los pueblos originarios. No te olvidés del pasaporte, porque no es común encontrar maestros indígenas cerca de casa. Y deberíamos salir ya mismo, porque el conocimiento originario se está evaporando al calor de los tiempos modernos.

Publicado el 1 de julio de 2018 -- Pagan Pages y New Spirit Journal

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Acceder a las comunidades originarias no es tarea sencilla. Empezando porque no todos tienen un jefe iluminado que va a otorgar vacaciones con goce de sueldo para apoyar un despertar místico; o una pareja comprensiva que nos lleve al aeropuerto con pasaje de ida solamente. Acceder a fuentes alternativas de conocimiento puede cambiar nuestra vida, pero no hace falta quemar las naves para dar los primeros pasos. Para empezar: ¿Qué significa exactamente una comunidad indígena?

Las posibilidades de encontrar una comunidad auténtica, en un ambiente natural y virgen, deseosa de compartir sus conocimientos con un recién llegado que no habla su idioma, son prácticamente nulas. Marx tenía razón cuando explicó, ya en 1844, que nos hemos alejado tanto de la naturaleza que hoy nos llega sólo en forma procesada. A su vez, el teórico marxista Max Hoirkheimer dijo "la historia de los esfuerzos del hombre por subyugar a la naturaleza es también la historia del hombre subyugado por el hombre."

Creamos un sistema de producción que nos aliena de la naturaleza, y esta situación derivó en un malestar urbano que yo padezco y, si leyeron hasta acá, es probable que ustedes también lo padezcan. Aparentemente, este malestar podría curarse accediendo al conocimiento de las comunidades originarias en su ambiente natural. La mala noticia es que ese ambiente fue aplastado por el propio sistema de producción al que contribuimos cada día al despertamos, tomar el café e irnos al trabajo.

Incluso si nos perdiéramos por varios meses en la selva descubriríamos que la mayor parte del conocimiento indígena ya fue adaptado a la demanda de las grandes ciudades. Tomaría mucho tiempo encontrar un rincón donde el hombre blanco no haya armado ya un comercio espiritual para mediatizar la provisión de respuestas a nuestra búsqueda. Y mucho antes de ésto, las iglesias ya recorrieron la selva, convirtiendo el conocimiento originario en un mero recuerdo del tiempo perdido. Por ello, si sólo se cuenta con una o dos semanas para dedicarle a la búsqueda del conocimiento indígena, es recomendable evitar ese paquete de cuatro ceremonias de ayahuasca en la selva facilitado por blancos que hablan nuestro idioma. Quizás sea más provechoso donar esa dinero a una ONG confiable y esperar la vuelta del karma.

Pero no todo está perdido: podemos encontrar lecciones efectivas cerca de nuestra casa. Tenemos el impulso atávico de ser parte de una tribu, porque ofrece protección y la posibilidad de alcanzar objetivos mayores. Es probable que alguna vez hayas sido parte de un grupo de amigos de gimnasio, o de salidas nocturnas. Luego de algún tiempo quizás descubriste, no sin una cuota de amargura, que la tribu a la que pensaste que pertenecías era lo que se denomina una pseudo-comunidad, una agrupación que no está basada en valores esenciales sino en actividades transitorias. El día que dejás de ir al gimnsasio, o que decidís salir menos de noche, la tribu te abandona.

Pero quizás también sos parte de un grupo de meditación o de yoga, que pasó la barrera de los dos años de existencia. Si siguen meditando o practicando después de un par de años, puede ser que esa tribu esté lista para la próxima etapa. Este es un consejo recibido tanto de maestros indígenas como de otras comunidades exitosas: primero es necesario compartir valores, sólo después se fortalece el vínculo.

Hay algo que puede ponerse en práctica de forma inmediata, que es conocimiento indígena básico: consumir menos y pasar más tiempo juntos. Podés dividir tu tribu en tres grupos. La primera semana, el grupo 1 hace las compras para preparar hamburguesas veganas. El grupo 2 cocina las hamburguesas mientras el grupo 3 descansa. En la segunda y tercera semana, se cambian los roles de los grupos. Ésto puede resultar un desafío mayor de lo que parece, porque implica coordinar que una vez por semana algunas personas hagan una actividad que no es meramente recreativa sino que está relacionada con el bienestar de la tribu. De esta manera, aprendemos a poner los intereses del colectivo por delante de los intereses individuales. Si se logra ésto, habremos aprendido una de las lecciones más importantes. Es altamente probable que la tribu se reduzca en las primeras dos semanas, pero por lo menos sabremos quiénes están genuinamente interesados en el bienestar de la comunidad. Si esta práctica se sostiene, se abrirá una enorme fuente de sabiduría, que siempre estuvo dentro nuestro.

A river surrounded by green rainforests
Photo by Eutah Mizushima / Unsplash

A forest blankets the hills of the jungle at sunset
Photo by Jorge Illich-Gejo / Unsplash

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